Canarias7 - 29/01/2006
La madre del bienmesabe
Matilde tiene el gusto de haber comercializado dos joyas de la repostería palmera
Martín Macho
Los Llanos de Aridane
Su vida profesional, entre dulces, es para chuparse los dedos. Tiene el gusto de haber lanzado al mercado, con gran éxito comercial, dos joyas emblemáticas de la golosa repostería palmera: el bienmesabe y el príncipe Alberto. Esta encantadora alquimista de la cocina, a base de miel, huevos y almendras, ha hecho más acaramelada la existencia.
Matilde Arroyo es una mujer entrañable. Lleva 80 años irradiando dulzura y regalando el paladar con postres deliciosos. Sin embargo, su existencia no ha sido un camino de rosas. Es una de las mujeres abandonadas por la emigración. Su marido, hace décadas, cogió el portante, dirección Venezuela, y nunca más volvió. La dejó con dos hijas pequeñas. Ni casada, ni viuda, ni soltera, Matilde, sola, sacó la familia adelante. Tuvo que trabajar duro, pero no le fue mal. Triunfó. Su trayectoria profesional ha sido reconocida por el gremio, donde es un referente.
Comenzó en el año 1958 preparando tartas y rapaduras para las amistades. La fama de sus creaciones culinarias se fue propagando, sobre todo cuando empezó a comercializar el bienmesabe.
La receta de la abuela. La receta original de la singular exquisitez gastronómica era de su abuela, Nieves Pérez Felipe. Hasta entonces, sólo habían disfrutado de esta suculencia los miembros de la familia y un reducido círculo de conocidos.
La idea de lanzar al mercado el bienmesabe se le ocurrió a Matilde años más tarde. Tras la marcha de su esposo a América, «hice mis pinitos en el campo profesional». Se estrenó elaborando postres, artesanalmente, no en plan industrial, apostilla. «En principio, sólo los hacía para mis dos hijas. Una amiga me dijo: Matilde, con lo bien que te salen y lo bonito que te quedan, ¿por qué no los preparas también para nosotros?». Así surgió, sin querer, la venta de dulces manufacturados en la cocina de su hogar.
La reina de la cocina
«Si hubiese patentado la receta sería rica»
Príncipe Alberto. Otra delicia palmera.
El principal ingrediente es la sencillez. La fórmula secreta: la dosis de cariño con que elabora sus postres. El bienmesabe lleva almendras tostadas, bizcocho, azúcar y ralladura de limón. Por su parte, el Príncipe Alberto consta de chocolate, almendras y bizcocho. Matilde vendió sus primeros bienmesabes en Puerto Naos. «Vino la dueña del restaurante Las Norias y nos pidió que se lo preparásemos en exclusiva. Cuando la gente se enteró, iban al restaurante para comer sólo el postre», señala con orgullo. La difusión se hizo de boca a boca. En vista del éxito, otros restaurantes incluyeron en su carta el postre de Matilde. «No dábamos abasto. Todo se hacía a mano. Las almendras se pelaban una a una y las tostábamos de kilo en kilo». No llegaron a registrar la receta. «Si la hubiésemos patentado, hoy seríamos ricas. Nos lo aconsejaron, pero no teníamos dinero para los trámites». La aceptación del bienmesabe, dice, se debe «a la almendra de